• ENTREVISTA AL DOMINICANO BONINO

“No tengamos a Dios en cuarentena: pidámosle que detenga la pandemia”

“Desde el comienzo de la pandemia hemos orado para pedirle al Señor que nos dé la fuerza para soportarla, pero raras veces le pedimos que ponga Su mano para detenerla. Dios no es considerado el Creador del cosmos, sino el compañero de viaje. Sin embargo, puede dirigir la acción de las causas que producen un fenómeno físico, respetando las leyes de la naturaleza. Y la oración cristiana supone que Dios puede actuar en el mundo biofísico en el que vivimos”. Entrevista al padre Serge-Thomas Bonino, decano de Filosofía del Angelicum.

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“Estamos tratando de mantener a Dios lo más lejos posible de la pandemia como tal, como si temiéramos infectarlo”. El padre Serge-Thomas Bonino (en la foto de abajo), decano de la Facultad de Filosofía del Angelicum (de la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino en Roma) y secretario de la Comisión Teológica Internacional durante una década, utiliza una imagen impactante para describir la ausencia de Dios en el debate público sobre el evento que durante casi dos años está monopolizando nuestras vidas: la pandemia de Covid-19. ¿Es realmente un fenómeno que tiene lugar en un campo, el biofísico, en el que la Providencia no tiene nada que ver? El dominicano, uno de los teólogos más autorizados del mundo, habló de ello en esta entrevista.

¿Piensa que, durante casi dos años de emergencia sanitaria, hemos rezado al Señor “como se debe”?

Desde que estalló la pandemia, hemos orado para pedirle al Señor que nos dé fuerzas para soportar esta situación y ser solidarios entre nosotros. Está bien, pero pocas veces le hemos pedido al Señor que ponga Su mano para detener la pandemia. Esto nos revela que incluso en la mentalidad de los cristianos prevalece la idea de que Dios puede actuar dentro de nosotros, pero no actúa en el mundo sino a través del hombre. Ante la pandemia, Dios es considerado no como el Creador y Amo del cosmos sino, en el mejor de los casos, como el compañero de viaje que sostiene nuestra esperanza en la lucha contra el mal. Pero este es un enfoque gnóstico que relega la salvación a la esfera subjetiva.

Sin embargo, en el Misal Romano, entre las Misas y oraciones para diversas necesidades, todavía están las destinadas, por ejemplo, a pedir la lluvia.

A menudo se critica la oración para la lluvia. ¡Está claro que aquellos que oran para que llueva no esperan que se forme una nube repentinamente y comience una tormenta! Pero son muchos los factores que intervienen para producir eventos físicos y no podemos excluir la posibilidad de que Dios pueda orientar los fenómenos naturales para producir en un momento dado la lluvia. En el caso de la pandemia, si creemos que Dios es también el Creador del mundo material, puede dirigir la acción de las causas que producen un fenómeno físico, respetando las leyes de la naturaleza. No usa la varita mágica, pero la Providencia tiene muchos otros medios para guiar desde dentro las cosas.

¿No cree que hoy, no solo los fieles, sino la misma teología tiene un cierto temor en afirmar este concepto?

La oración cristiana asume que Dios puede actuar en el mundo biofísico en el que vivimos. Esta creencia requiere una metafísica y una teología en las que la acción divina es presentada como posible. En cambio, si nos encerramos en una visión del mundo regida únicamente por el enfoque científico, caemos en el reduccionismo. Las ciencias dicen las cosas correctas, pero no dicen todo sobre el ser. En “Infancia de Jesús”, Benedicto XVI escribió que “Dios es Dios y no se mueve solo en el mundo de las ideas”. Por lo tanto, no es solo Aquel que puede cambiar nuestra visión de la realidad y nuestras relaciones personales. Por otro lado, si Dios no puede actuar sobre la realidad material, entonces no podemos explicar por qué creemos en la Resurrección y en la transformación del cosmos al final de los tiempos.

Hablando de Ratzinger: este confinamiento de Dios al ámbito de la subjetividad para excluirlo de aquel de la naturaleza, ¿no es un reflejo del intento, repetidamente denunciado por el Papa Emérito, de relegarlo sólo al ámbito privado para erradicarlo de la esfera pública?

Son dos cosas un poco distintas, pero no del todo desvinculadas porque en este momento la esfera pública, en la sociedad secularizada en la que vivimos, ha adoptado la ciencia como el único punto de referencia que todos consideran verdadero y aceptable. Metodológicamente la ciencia es independiente de la acción de Dios y, por tanto, si la tomamos como única referencia del discurso público está claro que excluimos a Dios. Hemos olvidado que hay otra mirada posible sobre los fenómenos, una mirada metafísica y teológica que no anula la mirada científica, pero va más allá y es más profunda.

Del otro lado de la barricada están aquellos que consideran la Covid como un castigo divino por una razón más que por otra. ¿Qué opina de estas tendencias?

Esta visión de Dios que permite las catástrofes como forma de castigo se ha utilizado en el pasado de manera injusta: ¡no podemos decir que una persona está infectada porque ha cometido un pecado! No estamos en el lugar de Dios y no somos capaces de identificar las razones precisas de sus acciones y permisos con respecto al mal. Sin embargo, es incorrecto eliminar cualquier interpretación teológica moral-intencional de la pandemia. La idea general de que lo que ocurre en el mundo biofísico tiene un significado es indispensable para la teología. No podemos decir que todo lo que sucede en el mundo biofísico sea casual. En la teología clásica, el mal que nos aflige tiene que ver con las consecuencias del pasado y, en cierto sentido, puede interpretarse como una pena. Desafortunadamente, esta idea ahora está muy extendida de que Dios solo puede ser bueno, en el sentido del buenismo. El castigo ya no se ve como un acto de justicia (por lo tanto, un acto bueno) sino exclusivamente como una forma de violencia y atribuirlo a un Dios bueno resulta inaceptable. Mientras que en la teología clásica la justicia es parte de la bondad. La justicia ahora se considera un mal necesario, pero no lo es: más bien, es una manifestación de la perfección de Dios y, por lo tanto, un orden justo que también se impone mediante el castigo.

Paradójicamente, la idea de la pandemia como un castigo contra el hombre, abandonado por la religión, ha sido revivida por los ambientalistas.

Esto significa que la noción de castigo, que ha salido por la puerta, regresó por la ventana. Es una cuestión antropológica fundamental del hombre en su relación con el universo. El hombre necesita dar sentido a lo que sucede en el mundo biofísico. La diferencia es que en la visión cristiana siempre hay una relación entre persona y persona y, por tanto, el juez que castiga, lo hace por motivos intencionales; mientras que la divinidad de la naturaleza es una divinidad ciega. No sé si la humanidad ha ganado mucho en la transición del juicio justo permitido por Dios a la venganza de Gaia.

¿Por qué, hoy es mucho más difícil hacer aceptable a los cristianos mismos la idea de una naturaleza que se rebela contra el hombre cuando el hombre se rebela contra Dios?

Porque toca la cuestión más difícil de la doctrina católica, la del pecado original: si estamos expuestos a este tipo de inconvenientes es por la ruptura del hombre con Dios. Según la doctrina del pecado original, el hombre y la naturaleza no han sido creados para vivir en un estado de oposición, como el actual. El hombre fue creado en el Paraíso, es decir, en un estado de comunión vocacional con el cosmos. Después del pecado fue arrojado a un mundo donde la naturaleza se volvió hostil hacia él. Había, por tanto, una comunión entre el hombre y la naturaleza que estaba ligada a la del hombre y Dios; pero si se rompe el primer vínculo, también se rompe el segundo, es decir, el que existe entre el hombre y la naturaleza. Es un tema omnipresente en la Biblia: cada vez que el hombre se separa de Dios, la naturaleza se vuelve enemiga del hombre. Es un tema importante en la teología católica. Hay teólogos que quieren reducir el tema de la justicia y el pecado original a un mito. Pero es mucho más: expresa una verdad fundamental en forma mítica.

Hablando de justicia original, ¿descartamos el hecho de que incluso una parte de la teología contemporánea ya no cree en la noción de la caída del hombre?

La visión moderna está marcada por la doctrina de la evolución según la cual el hombre se crea a sí mismo poco a poco. Sin embargo, si Dios hubiera creado al hombre en el estado en el que nos encontramos hoy, sería un problema para la bondad de Dios porque significaría que nos habría metido en problemas desde el principio. La doctrina del pecado original intenta dar una respuesta a este problema, argumentando que la situación en la que nos encontramos no es la del hombre que salió de las manos de Dios, sino una situación que nosotros mismos hemos creado. Hago una analogía con los demonios: la tradición católica dice que los demonios no fueron creados demonios, es decir malvados, sino ángeles porque de lo contrario significaría que Dios sería responsable de su maldad. Cometieron un pecado y, entonces, así se convirtieron en demonios.

Entonces, ¿cuál es la interpretación teológica más correcta para los eventos de los últimos dos años?

No conocemos las razones profundas (siempre sabias y buenas) por las que Dios ha permitido esta pandemia, pero sí sabemos que existen. En general sabemos que Dios no está ausente y que una prueba como ésta es una invitación a la conversión, a tomarnos en serio que la vida no es un don perdido y que debemos vivirla de la manera correcta, entregándonos a la Providencia paterna de Dios.

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