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Misa en latín, el apretón del Papa: se acercan las protestas

Se está produciendo un cisma en Alemania, pero en el Vaticano hay un clamor contra la misa en latín. Los rumores de una revisión restrictiva del Summorum Pontificum son filtrados por la asamblea de la CEI después de las palabras del Papa. Llegan las confirmaciones de Francia. Sería una bofetada a Benedicto XVI que quisiera el motu proprio, pero detrás se esconde un pulso entre la Doctrina de la Fe y la Secretaría de Estado. Fieles de grupos estables están dispuestos a ir a Roma para una protesta que sería clamorosa.

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Mientras que en Alemania la mitad de la Iglesia católica se “adapta” a los vientos cismáticos pro-protestantes ante el silencio de Roma, las flechas del Vaticano se dirigen a la Misa en latín. Contra los llamados católicos rígidos, aquellos, haciendo referencia a las palabras de Papa Francisco en la CEI del pasado 24 de mayo, que son acogidos en los seminarios y de los que debemos estar en guardia.

Se concreta la indiscreción de estos últimos días sobre una revisión restrictiva del Summorum Pontificum, el Motu proprio de Benedicto XVI, que en 2007 liberalizó la llamada Misa Tridentina y codificó la forma extraordinaria del rito romano único. La noticia, publicada exclusivamente por el sitio web especializado en Messa in Latino, también fue confirmada en el lado francés a través de la web Paix Liturgique que informó más detalles sobre el encuentro entre el Papa y algunos obispos italianos al margen de la asamblea de la CEI del pasado lunes.

 

Según MIL, que citó fuentes al interno de la CEI, el Papa habría anunciado a los obispos la inminente reforma peyorativa del Motu proprio. ¿Qué, en particular? La información aún fragmentaria no permite la confirmación oficial, pero parece que queremos volver a la situación anterior al Motu proprio, aquella regida por el indulto de 1984 que concedía la Misa en latín previo el consentimiento del obispo diocesano.

La grandeza del Motu proprio fue precisamente la de liberar a la antigua Misa de siempre del gueto al que había sido relegada después del Vaticano II y de la posesión casi exclusiva de los llamados lefebvrianos. Un ya difuso prejuicio generalizado quiere ahora que el Motu proprio haya sido escrito por Benedicto XVI precisamente para ir al encuentro de la comunidad fundada en Econe por el obispo francés. En realidad, el Summorum Pontificum nunca ha sido considerado por los lefebvrianos, ya que codifica la existencia de un único rito, en dos formas, ordinario y extraordinario, pero que ha beneficiado a cientos de miles de fieles, que se han organizado en forma de grupo estable y celebran regularmente en el mundo con frutos espirituales bajo la mirada de todos y con vocaciones crecientes.

Hoy, casi 14 años después del Summorum Pontificum, son muchos los fieles que asisten a Misa en latín sin rechazar la forma ordinaria, y muchos son los sacerdotes que al celebrarla han tenido un beneficio espiritual y pastoral incluso mientras celebran la Misa in novus ordo, gracias a una conciencia diferente. Esto debe molestar al nuevo rumbo Vaticano, por eso la referencia a la rigidez de ciertos seminaristas. Una rigidez que, casualmente, es siempre litúrgica y nunca teológica o psicológica.

Así como debe molestar el hecho de que la leyenda negra de los seguidores de la antigua Misa era en realidad nostálgicos no tiene sentido: los fieles que son sensibles a la forma extraordinaria son jóvenes, nacidos después del Concilio y para nada atraídos por una especie de tradicionalismo litúrgico. Simplemente han descubierto un tesoro y quieren seguir cultivándolo: la Misa de siempre.

 

Según MIL, en el Vaticano ya se está trabajando en el tercer borrador de reforma de un documento que el Papa estaría listo a firmar, pero que sería clamoroso porque derrotaría, al corregirlo y limitarlo, un documento de un pontífice aún vivo. Por eso muchos piensan que una revisión del SP constituiría en primer lugar una bofetada a Benedicto XVI, quien, promulgándolo, en cambio esperaba una contaminación positiva entre las dos formas.

También Paix Liturgique circunscribió las circunstancias en las que el Papa habría hablado de ello. “Entonces, una vez que los periodistas salieron de la sala de debate -se lee en la web en la traducción de MIL-, el Papa abordó un tema que une a muchos obispos de la Península: la ejecución del Summorum Pontificum. Francisco confirmó la próxima publicación de un documento que se le instó escribir, destinado a “reinterpretar” el Motu proprio de Benedicto XVI. La publicación fue efectivamente retardada, ya que el documento parece haber provocado objeciones y contratiempos, especialmente del cardenal Ladaria y de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quienes argumentaron que causaría disturbios y oposición incontrolables en todo el mundo. Pese a ello, la Secretaría de Estado impulsa la publicación del texto, cuyas disposiciones esenciales son las siguientes:
- las comunidades que celebran según la forma antigua podrían seguir haciéndolo;
- por otro lado, los sacerdotes diocesanos deberían obtener un permiso específico.

Es evidente que este documento, inaplicable en muchos países, entre ellos Francia, tendrá sobre todo un significado simbólico: hacer que la celebración de la Misa tradicional ya no sea un derecho, sino una excepción tolerada”.

Por tanto, se espera un enfrentamiento con la Congregación para la Doctrina de la Fe, consciente de que una revisión del Motu proprio representaría una herida con miles de fieles y la Secretaría de Estado.

No es casualidad que Francia sea uno de los países más opuestos a esta revolución, dado que la forma extraordinaria se ha extendido tanto más allá de los Alpes como en los Estados Unidos, donde ha habido un verdadero renacimiento espiritual y litúrgico.

Y es precisamente desde Francia que -según ha podido constatar La Brújula- se mueven las reacciones más organizadas que también apuntan a reunirse en Roma con una manifestación en forma de llamamiento filial para salvar el Motu proprio que también sería clamorosa. Miles de fieles llamados a salvar la antigua Misa y a oponerse a su limitación. Sería perturbador, pero también peligroso para el Vaticano que, mientras se está produciendo un cisma en Alemania a la vista de todos, se enfurecería contra miles de fieles sin nada que reprocharles, pero limitando su sensibilidad y privándolos de un derecho.

Sería una forma de estrabismo incomprensible para una gran parte de la Iglesia definida desdeñosamente como rígida o tradicionalista, pero que se está expandiendo para incluir a fieles que hasta hace unos años nunca habrían apostado un centavo por la Misa antigua y hoy son atraídos positivamente.

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