• LA NUEVA PRESIDENTA

Metsola, de provida a abortista por el poder

La elección, con clara mayoría, de la maltesa Roberta Metsola como nueva presidenta del Parlamento Europeo no es una buena noticia. Quien ayer se regocijaba por su posición anti aborto, inmediatamente tuvo que cambiar de opinión tras sus palabras sobre la "salud reproductiva" y los "nacionalismos". Además, está su compromiso con los derechos LGBTI.

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El Parlamento Europeo, compuesto por 705 miembros, eligió ayer a la popular maltesa Roberta Metsola como su nueva presidenta. Fue elegida con una clara mayoría de 458 votos de 616 votos válidos. A sus 43 años, recién cumplidos, Metsola es la presidenta más joven de la historia del Parlamento Europeo y la primera mujer en los últimos 20 años, después de Simone Veil y Nicole Fontaine.

Quienes evocaron el anti-abortismo de la nueva presidente tuvieron que cambiar de opinión de inmediato. En su discurso inaugural inmediatamente se puso en guardia contra los “nacionalismos” y, con cierta ambigüedad, advirtió que luchará contra las fuerzas que cuestionan “nuestros valores y principios europeos”, lanzando una clara advertencia a quienes “intentan destruir Europa, sepan que esta casa [el Parlamento] está contra vosotros”. Qué son los valores y principios europeos y cómo los entiende la nueva presidente del Parlamento no ha sido deliberadamente aclarado: si son los inscritos en la letra de los Tratados o los que hemos visto imponerse en los últimos años de exasperado centralismo LGTBI y abortista.

Solo el tiempo dirá cómo Metsola entiende su papel. Sin embargo, es arriesgado regocijarse por la elección de una católica antiaborto, como ayer hicieron muchos. Los hechos demuestran que Metsola es claramente una de las promotoras más transparentes de la ideología de género y los dogmas LGBTI. No hace falta volver sobre su carrera política, basta recordar que el 23 de septiembre de 2019 participó junto al eurodiputado Terry Reintke (copresidente del Intergrupo LGBTI), la comisaria Vera Jourová y varios ministros y subsecretarios en la jornada organizada por Ilga Europa (un grupo de presión LGBTI) y por la presidencia finlandesa del Consejo de la Unión Europea sobre el avance de los derechos LGBTI. Unos meses antes firmó el “Manifiesto electoral de compromisos LGBTI” de Ilga, como ya había hecho en la campaña electoral de 2004. Ciertamente no es casualidad que los líderes socialistas acordaran apoyar a Metsola, en cambio de un compromiso con las prioridades políticas del PPE y Renew Europe, y asegurando también cinco de los 14 puestos de vicepresidente del Parlamento, así como el de jefe de la Conferencia de Presidentes de Comisión, cargo clave que tradicionalmente ostenta el PPE que coordina el trabajo entre las distintas comisiones del Parlamento e indirectamente condiciona el calendario de trabajo de la Asamblea.

Todo está claro, los dogmas LGBTI y la presión sobre los países cristianos solo aumentarán en los próximos dos años y medio. Metsola presumiblemente no hará ni más ni menos de lo que Sassoli ha demostrado en su mandato. La presidenta Ursula von der Leyen, los comisarios Helena Dalli, Vera Jourová y Franz Timmermans pueden estar seguros de que tienen una aliada. El pacto de colaboración será aún más fuerte, precisamente por el excesivo poder otorgado a los socialistas en las comisiones parlamentarias, donde se elaboran los dossiers y las resoluciones para la votación de la Asamblea. El júbilo por una antiabortista en la presidencia del Parlamento está, por lo tanto, fuera de lugar: la propia Metsola lo dejó claro unos minutos después de su elección cuando se reunió con los periodistas de los medios internacionales.

A pesar de las artificiosas polémicas periodísticas que resaltaban su posición antiaborto, basada de hecho en muchas de sus declaraciones y votos en contra de todos los documentos pro aborto del Parlamento Europeo (ver el Informe Matić), la nueva presidenta, acorralada en rueda de prensa, cuando se le preguntó qué piensa hacer sobre el tema del aborto, respondió sin dudar: “El Parlamento Europeo, sobre todos los derechos sexuales y la salud reproductiva, es inequívoco. Ha pedido reiteradamente que estos derechos estén mejor protegidos. Solo el mes pasado enfatizamos que el acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva es un elemento esencial para lograr la igualdad de género y eliminar la violencia de género. Esta es la posición del Parlamento y puedo confirmar que estoy comprometida con todos ustedes en que ésta es la posición que promoverá y que ya defendí cuando como vicepresidente me encomendaron la tarea de representar la presidencia del Parlamento”.

Sobre el aborto, la conciencia, las batallas y las creencias de Roberta Metsola han sido dejadas de lado, la posición y el rol han tomado el relevo: la nueva Metsola es abortista y apoyará esas locas resoluciones parlamentarias que mortifican a países como Polonia y su propia patria, Malta, donde el aborto está prohibido. Entonces, ¿los católicos en política tienen que abandonar principios no negociables para poder avanzar? No, y los casos de los valientes presidentes de la República de Malta (George William Vella está dispuesto a dimitir si se aprueba una ley pro aborto), Portugal (que no ha firmado dos veces la ley de eutanasia), Ecuador (que ha declarado el veto contra la posible liberalización del aborto en el país), los políticos en el gobierno de Polonia (sobre el derecho a la vida y la lucha contra los dogmas LGBTI) y Hungría (sobre la libertad educativa y la prohibición del adoctrinamiento LGBTI) nos dicen que es posible servir a Dios antes de las vacas de César.

Lo mediremos sobre los hechos, pero su cambio de posición sobre la vida humana del concebido en aras del poder es inaceptable.

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