• CRISIS EN ALEMANIA

Marx, el cardenal busca un puesto en Roma

El camino trazado por el cardenal Marx para apoyar el sínodo alemán sigue el camino ya recorrido por Lutero, con resultados notorios. Pero con una diferencia: el arzobispo dimitido de Múnich ahora podría apuntar al liderazgo de la Congregación del Clero o de los Obispos, lugares que se están liberando.

 

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Retrocedemos cinco siglos y en los territorios de la actual Alemania nos encontramos en medio de un escándalo: el de la venta de indulgencias. Un verdadero escándalo, que había traído una avalancha de dinero no tanto en los bolsillos de los papas, que necesitaban financiar la construcción de la nueva imponente Basílica de San Pedro, sino en los de los obispos y príncipes alemanes. Como el arzobispo Alberto di Magonza, que pidió prestados casi 30.000 florines de oro del banco de los poderosos Fuggers y que, para devolver el préstamo, se comprometió a promover la predicación de indulgencias para la construcción de la Basílica romana. Para lo cual, sin embargo, venían destinados realmente solo la mitad de los ingresos.

Y lo mismo hicieron otros príncipes que, al percibir el trato, no permitieron que se predicara la indulgencia en sus territorios, si no con la condición de que se embolsaran una parte de lo recaudado. En los primeros años del siglo XVI había sucedido de hecho un poco de todo: para “facilitar las ofrendas”, en la predicación no se preocuparon demasiado por la disposición interior de quienes pretendían acogerse a la indulgencia prevista por la bula Sacrosanctis Salvatoris et Redemptoris, ordenada por el Papa León X. Y así entre un muy cierto y un muy eficaz que los predicadores ondeaban para asegurar a los fieles los efectos espirituales de las indulgencias para sus propias almas y para la de los muertos, día tras día, mes tras mes, año tras año, el mundo católico se encontró en medio de un escándalo colosal e innegable.

La necesidad de una reforma era evidente, pero la “solución” de Martín Lutero fue peor que el daño. Y aún hoy podemos legítimamente preguntarnos por qué fue necesario abolir seis de los siete sacramentos, el celibato sacerdotal, los votos monásticos, etc., para solucionar el problema conocido como “venta de indulgencias”.

La misma pregunta debería hacerse al cardenal Reinhard Marx, a propósito del teatro montado por el nuevo eje Roma-Berlín y que no recitó demasiado bien. Sí, ¿por qué hay que afrontar el innegable escándalo del abuso sexual de menores siguiendo el infructuoso camino sinodal? ¿Por qué emprender el camino de una Iglesia cada vez más secularizada y protestantizada, promoviendo el sacerdocio femenino, la abolición del celibato, la promoción de la agenda de género, si las comunidades e instituciones protestantes del siglo no están exentas de los mismos problemas?

Sí, porque Marx invoca el camino sinodal en marcha, como única salida al “punto muerto” en el que la Iglesia habría encallado. De la sartén a la parrilla. Si su admisión de corresponsabilidad con la crisis actual fuera sincera, no solo debía haber renunciado, sino también ahorrarnos sus recomendaciones. Un médico que no sabe cómo curarse a sí mismo ni a los demás, ciertamente no es el dispensador de consejos más confiable…

Está claro que la acción de Marx tiene un propósito muy diferente. En primer lugar, como él expresamente declaró, hacer un endorsement al Synodale Weg. Los acontecimientos de los últimos meses han ralentizado el camino. En Roma todavía hay algunos que no están dispuestos a dar marcha atrás mientras que en Alemania la intención es formalizar la demolición de la Iglesia. A pesar de tener las manos atadas desde arriba, no todo el mundo está dispuesto a dejarse tomar el pelo por las acciones de Bätzing y las iniciativas de Sternberg y Codazzo. Y así, lejos de dar la vida de verdad por las ovejas, alguien pensó en escenificar un virtual martirio generoso, en ofrecerse como aparente chivo expiatorio.

Una excelente manera también de humillar y aislar al cardenal Woelki, acusado de gestionar los escándalos que han sumido a la archidiócesis de Colonia. “Las polémicas y discusiones más recientes han demostrado que algunos representantes de la Iglesia no quieren aceptar esta corresponsabilidad y, por tanto, también la culpa compartida de la Institución. En consecuencia, rechazan cualquier tipo de reforma e innovación respecto a la crisis ligada al abuso sexual”, dijo Marx. Cuál es el objetivo principal de esta declaración es bastante claro. No son muchos los obispos en Alemania que rechacen las reformas e innovaciones que pretendía Marx y que han decidido que, ante el escándalo de abusos, la renuncia no es una señal de corresponsabilidad...

Por último, pero no menos importante, la oferta “expiatoria” del arzobispo de Múnich podría ser “premiada” con un puesto de esos que en Roma cuentan. El prefecto de la Congregación para el Clero, el cardenal Beniamino Stella, cumplirá 80 años el próximo 18 de agosto. Pero aún más atractivo podría ser el liderazgo de la Congregación para los Obispos, sostenida durante más de diez años por el cardenal Marc Oullet, con 77 años apenas cumplidos.

En resumen, el acto “heroico” del cardenal Marx en realidad podría resultar una forma de matar no dos, sino tres pájaros de un tiro: desbloquear la resistencia romana al sínodo alemán en la recta final, golpear a Woelki y controlar los nombramientos de los obispos.

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