• ENTREVISTA/ OBISPO GINOUX

“Los católicos están asfixiados por la agresividad del secularismo y del Islam”

Las iglesias quemadas en Francia son sólo la punta del iceberg de un clima de hostilidad hacia los cristianos. Hay una clara convergencia entre las fuerzas laicistas y una presencia cada vez más significativa del Islam. Mientras se construyen mezquitas, las iglesias cristianas –cuyo mantenimiento es responsabilidad del Estado- son abandonadas y cerradas. El obispo de Montauban, Bernard Ginoux, habla sobre el caso de Santa Sofía: “El acuerdo de Abu Dhabi ha quedado en nada, Erdogan está llevando a cabo una política de expansión y hegemonía en el Mediterráneo en nombre del Islam. El diálogo con él es imposible”.

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Por desgracia, Las imágenes de la catedral de Nantes en llamas han provocado un efecto déjà-vu. Es difícil no volver con la memoria al trágico incendio que hace poco más de un año devoró un símbolo de la cristiandad como Nôtre Dame. Presenciar escenas de iglesias en llamas, destrozadas en un modo blasfemo o incluso demolidas para construir aparcamientos, se está volviendo tristemente común en la antigua Francia católica. Muchos comentaristas han subrayado el aspecto simbólico de estos episodios, pero la escala del fenómeno es tal que requiere una toma de conciencia. Temores, expectativas y esperanzas de la Iglesia más allá de los Alpes: la Brújula Cotidiana ha hablado de ello con monseñor Bernard Ginoux, obispo de Montauban, en la región occitana.

Excelencia, ¿los católicos franceses se sienten más asustados o más abandonados ante el incendio de Nantes?
El incendio que estalló en la catedral de Nantes el sábado por la mañana está causando mucho sufrimiento a la diócesis de Nantes, a los fieles y a todos los católicos. Los medios de comunicación han mostrado muchas imágenes y han hecho muchos comentarios. Han llegado los ministros, también ha hablado el Presidente de la República. Pero debemos preocuparnos por lo que sucederá después, como nos enseña el precedente de la investigación del incendio de Nôtre Dame de París, envuelto por el silencio hasta hoy.

Es difícil no incluir este incidente en una lista que ha ido creciendo en los últimos dos o tres años en territorio francés. A esto se añade la degradación y profanación de iglesias o capillas. Es triste ver que la mayoría de las veces los autores de estos delitos no son identificados y las investigaciones fracasan.

El historiador italiano Marco Gervasoni ha escrito que los incendios y colapsos de muchas iglesias cada año en Francia muestran “un desinterés congénito de los últimos gobiernos”. ¿Puede este descuido ocultar las razones ideológicas de aquellos que quieren ir más allá de la laicidad del Estado y aspirar a la laicidad de la sociedad?
En Francia, el Estado es propietario de las catedrales construidas antes de 1905 en virtud de la Ley de separación entre la Iglesia y el Estado. Además, según esta Ley, las iglesias parroquiales construidas antes de 1905 son propiedad de los municipios. Por lo tanto, los propietarios tienen el deber de mantener estos edificios para que puedan ser utilizados con seguridad. Pero fuertes corrientes derivantes de la mentalidad laicista tratan de eludir esta obligación argumentando que el Estado no debería financiar el mantenimiento de los edificios religiosos. Además, la importante presencia del Islam construyendo mezquitas es un pretexto para no “favorecer” a otra religión. El igualitarismo parece ser un imperativo para no mantener las iglesias católicas. Hay que tener paciencia e insistir en conseguir lo que se necesita. Cada vez más a menudo, cuando los edificios o capillas presentan riesgos para los usuarios, es más fácil cerrarlos que encontrar los fondos necesarios para su restauración.

Comentando el incendio de Nôtre Dame, Macron ha hablado de “literatura”, “imaginario”, e incluso ha mencionado el “destino”, pero ninguna alusión a la identidad cristiana.
El presidente de la República ha definido la catedral de Nôtre Dame como un “tesoro cultural”. Ciertamente lo es, pero Nôtre Dame es sobre todo la expresión de la fe cristiana de nuestros antepasados y de los siglos que han conformado Francia, es decir, de las “raíces cristianas” de nuestra nación. Se ha dicho que “las catedrales son el espejo de Francia” porque allí está la vida de los hombres y su encuentro con el Dios que se hace hombre. Es cierto que una corriente laicista, con una ideología agresiva, quiere desgarrar el alma de Francia de esta manera.

Según las estadísticas del Ministerio del Interior, entre 2008 y 2018 los episodios de cristianofobia en Francia aumentaron en un 250%. En 2019 hubo más de mil ataques a lugares de culto y el 90% de ellos afectaron a iglesias católicas. ¿Cuándo dejó Francia de ser la “hija mayor” de la Iglesia, como decía De Gaulle?
Los actos contra los lugares de culto católicos, contra los sacerdotes como el padre Hamel y los ataques físicos y morales han aumentado en los últimos años y son poco investigados en los tribunales. ¡Se recuerda a menudo que “la Iglesia debe perdonar”! Francia dejó hace tiempo de ser “la hija mayor de la Iglesia” o quizá se haya convertido en una hija que olvida sus orígenes. Estamos en un momento de fuerte descristianización en el que la tradición cristiana ya no irriga la cultura contemporánea. Los jóvenes en su mayoría ignoran totalmente la religión de sus padres. Por lo tanto, pueden ser arrastrados a callejones sin salida mortales.

Monseñor Dominique Rey, obispo de Fréjus-Toulon, sostiene que esta intolerancia es el resultado de la convergencia entre el secularismo y el abrumador surgimiento del Islam. ¿Está usted de acuerdo?
Monseñor Rey tiene razón al argumentar que la sociedad francesa se está endureciendo bajo la influencia del secularismo, que denuncia todo lo que parece favorecer al catolicismo, y bajo la influencia de una corriente islámica que quiere imponer su presencia. El laicismo ha prohibido los carteles contra el aborto y ha impedido que los oradores hablen en determinados lugares (Sciences-Po en París). En los últimos días, un miembro del parlamento, en su discurso ante la Asamblea Nacional, argumentó que un obispo no tiene derecho a expresar una opinión sobre la legislación propuesta. Los símbolos religiosos, como las cruces, no pueden ser usados en las oficinas públicas. Por otra parte, el velo islámico se ha convertido en algo ampliamente aceptado, los productos halal tienen estantes muy importantes en los supermercados que, al igual que los medios de comunicación, hacen publicidad especial para el Ramadán. La sociedad está cada vez más marcada por la presencia del Islam. Obviamente describir esta realidad no es una crítica porque los musulmanes deben ser ciudadanos de pleno derecho, pero si el laicismo es una lucha contra la religión, debería evitar el prejuicio sistemático de atacar a la Iglesia Católica. De lo contrario, es una actitud puramente ideológica.

Hay una persecución física que vemos con los ataques incendiarios a las iglesias, pero también una persecución mediática que se ha puesto de manifiesto, por ejemplo, en el caso judicial del cardenal Barbarin, que fue posteriormente absuelto por completo de los cargos que se le imputaban, pero entretanto deslegitimado por la opinión pública. ¿Por qué los católicos son tan atacados en Francia y cuál de las dos persecuciones es más peligrosa?
Sin duda los ataques contra la Iglesia realizados a través de los medios de comunicación son más fuertes porque se presentan como la verdad. En el caso del cardenal Barbarin, los medios de comunicación siempre recuerdan el affaire Preynat para evocar el escándalo que golpeó al cardenal. Sabemos que los medios de comunicación pueden destruir a cualquiera y lo hemos visto ampliamente en la arena política. También son la causa de muchos temores: el miedo a los medios de comunicación paraliza a muchos líderes de la Iglesia. Es cierto que no estamos libres de pecados y defectos, pero desde hace 2000 años la Iglesia ha traído al mundo un bien del que vive (igualdad, fraternidad, respeto a la vida, atención a los más débiles...) aunque todavía queda mucho por hacer.

Volviendo al Islam: Usted ha escrito en Twitter que la decisión de Erdogan de convertir Santa Sofía en una mezquita es un “rechazo al documento de Abu Dhabi” y una muestra de que “el diálogo es imposible”. ¿Por qué cree eso?
Después de lo que ha pasado con Santa Sofía, he dicho que el diálogo con Erdogan es imposible y que el documento de Abu Dhabi ha quedado en nada. Lo creo porque el presidente turco está implementando una política de expansión y hegemonía en el Mediterráneo en nombre del Islam. No lo está ocultando y está tomando medidas consecuentes. Tenemos que distinguir entre el diálogo con los musulmanes, en el respeto mutuo y la escucha, y el diálogo con el Islam, cuya esencia es la conquista. Conocerse bien es una necesidad para el diálogo entre las personas. Siempre hay que buscar el diálogo sobre la vida, pero el diálogo político y religioso es mucho más difícil porque nuestros planteamientos se enfrentan a realidades culturales y religiosas diferentes.

Retomando el título de un libro del ex-ministro Philippe De Villiers: ¿Las campanas volverán a sonar mañana en Francia o ya se han detenido? 
¡Sí, las campanas volverán a sonar mañana! Francia, como Europa, está pasando por un doloroso período en el que la fe cristiana ya no es el punto de referencia. Las leyes de la sociedad mal llamadas de bioética pretenden ser el triunfo de un mundo sin Dios. El hombre contemporáneo quiere creer en su auto-realización. Se niega a ser una criatura y se hace juez del bien y del mal. Éste es el antiguo pecado de los orígenes resumido en aquél “seréis como dioses”. Cuando crea que ha alcanzado esta plenitud, el hombre se dará cuenta de su fracaso. Pero Dios, siempre presente, le ha enviado un Salvador. En ese momento sus ojos se abrirán y verá a Dios. Ésta es la inquebrantable esperanza cristiana. Simplemente nos gustaría que el hombre en su locura no se destruyese a sí mismo y no aniquilase el mundo. Cuando se le priva de toda ideología, el respeto por el medio ambiente procede de esta esperanza: si el hombre acepta la salvación de Dios, verá la salvación del mundo.

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