• SOLIDARIDAD ESTRÁBICA

La ONU ayuda a las escuelas en Venezuela, pero están cerradas

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU ha lanzado un programa de financiamiento para comedores escolares en Venezuela. Pequeño problema: desde hace más de un año que no hay escuelas. El régimen venezolano se justifica con medidas anti-Covid, en realidad falta dinero. Incluso para permitir que los maestros y estudiantes puedan asistir a clases.

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El régimen venezolano y la agencia de la ONU Programa Mundial de Alimentos firmaron el 19 de abril un acuerdo con el que el PMA iniciará una operación humanitaria en el país sudamericano, proporcionando comidas escolares en jardines de infancia y de educación especial, así como dinero para la reestructuración de los comedores escolares. “Con este acuerdo, el PMA espera llegar progresivamente a 1,5 millones de niños en las escuelas de las zonas más afectadas por la inseguridad alimentaria”, dijo el director David Beasley.

Lo que no ha considerado esta prestigiosa agencia de la ONU es que las escuelas en Venezuela llevan más de un año cerradas. ¿Pero están cerradas debido a la pandemia de Covid19? ¡No!, ya lo había alertado el pasado 26 de marzo la dirigente sindical de la Federación Colegio de Profesores de Venezuela, Raquel Figueroa; quien criticó la improvisación del régimen y denunció las graves falles en la infraestructura de los planteles, además de los bajos salarios que afecta al personal docente.

Para corroborarlo, la Brújula Cotidiana recorrió algunos planteles del área metropolitana de Caracas y constató que la verdadera causa del no regreso a clases “es el factor económico”. Así lo expresó Anureth Herrera, empleada con 17 años de servicio de una escuela bolivariana (como son llamadas las escuelas públicas) de una zona marginada: “Es muy difícil que un docente con un sueldo de un dólar o dos dólares al mes pueda llegar al plantel cuando prácticamente lo va a gastar todo en pasaje. Es imposible”, explicó.

Además, “están los servicios básicos que no existen, no tenemos agua, no tenemos internet. También está el factor económico de los padres de nuestros estudiantes, porque no todos tienen para mandar a sus niños al colegio, entonces no creo que se dé efectivamente el llamado, ni de reincorporación del personal ni de todos los estudiantes, por lo que no creo que será posible regresar a clases en estas condiciones”, aseveró Herrera.

Un maestro venezolano gasta tres veces su salario sólo en pasajes de autobús. Es el caso de Carolina Villarroel: tiene una maestría en educación especial, 22 años de servicio, pero no son suficientes para garantizarle una vida digna con su salario de maestra de una escuela pública, pues no logra ni siquiera pagar el transporte para movilizarse todos los días hasta la escuela en donde trabaja. “Mi sueldo no me da para pagar el pasaje diario, porque lo que debo gastar abarca el triple de lo que me paga el ministerio de educación. Da mucho sentimiento que una persona que pasa años estudiando, especializándose para transmitir sus conocimientos a los niños, lamentablemente no pueda regresar a su trabajo”, dijo.

Dos dólares mensuales es el salario de un maestro venezolano, según el cambio paralelo vigente al momento de redactar este artículo (que cambia cotidianamente).  Este ingreso sólo alcanzaría para comprar el 1,2% del costo de la canasta básica (que equivale a 225,69 dólares), de acuerdo con un reciente informe del Centro de Documentación y Análisis de los Trabajadores (CENDA), una ONG venezolana dedicada al estudio de temas sobre calidad de vida y condiciones laborales en el país sudamericano. Es decir, un docente venezolano tiene un déficit de 98,7% en su salario para cubrir los gastos básicos de alimentación.

Ante la pulverización de sus salarios, los maestros han tenido que buscar otras vías de sustento, como Carolina Villarroel: “a pesar de que tengo mis 22 años de servicio, tengo una maestría en educación especial, hoy en día estoy vendiendo empanadas. Tuve que hacerlo porque, lamentablemente, el sueldo que gano del Ministerio de Educación no alcanza para sostener a mi familia”.

Y así sobreviven los maestros venezolanos, “buscando alternativas” en tan difícil situación. “Si regresamos a las aulas, una colega tiene que caminar más de 5 kilómetros para llegar a su lugar de trabajo, pero eso no lo valora el ministerio de educación. Con esta situación, la mayoría de los maestros no se podrán reintegrar al trabajo de forma presencial”, añadió Villarroel.

Al escudriñar en la realidad venezolana, es posible verificar que lo que se vive en Venezuela es un cierre técnico del sistema educativo, que el régimen intenta cubrir con las medidas anti Covid. Lo cierto es que no es posible garantizar el regreso a clases de 8.763.066 estudiantes de educación básica, en un país en donde hay escasez de transporte público, fallan los servicios básicos y la enorme pobreza ha traído consigo el abandono de las aulas.

Esta crisis del sistema educativo venezolano ya era conocida en septiembre de 2019: “de los estudiantes que aún quedan matriculados, al menos 66% no asisten regularmente a las aulas, situación que sumada a 75% de abandono de los puestos de trabajo, evidencian un escenario histórico de crisis en el sistema educativo venezolano”, declaró a los medios venezolanos Javier Tarazona director general de Fundaredes.

En fin, el mayor problema que enfrenta el sistema educativo venezolano es el monstruo de la deserción escolar. “Antes de la pandemia, muchos padres tuvieron que emigrar y sus hijos fueron dejados con sus abuelos, personas mayores, con problemas de salud, con dificultades para trasladarse, para estar atentos a la atención educativa de los niños y siendo ancianos, con una pequeña pensión, no logran garantizar la alimentación de sus nietos, porque el programa de alimentación escolar no funciona”, concluyó Anureth Herrera. En este contexto, los venezolanos se preguntan ¿cómo llegará el PMA a 1,5 millones de niños en las escuelas, si ni siquiera las escuelas funcionan en la Venezuela de Nicolás Maduro?

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