Bautismo de Jesús por Ermes Dovico
FRAGMENTOS DEL EVANGELIO

La humildad que abre el cielo

«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3,17)

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.

Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».

Jesús le contestó:
«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.

Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

(San Mateo 3, 13-17)
 

En el Jordán, el que no tiene pecado decide ponerse en fila con los pecadores, compartiendo hasta el fondo la condición humana. En ese acto de humildad y obediencia se abre el cielo. El Espíritu desciende sobre Jesús y la voz del Padre revela su identidad más profunda: Hijo amado. Su misión nace de esta relación filial, no del éxito o del consenso. En el bautismo, Jesús santifica las aguas e inaugura un tiempo nuevo, en el que el hombre puede reconocerse como hijo amado y vivir con confianza. La apertura del cielo nos recuerda que la humildad y la obediencia hacen posible el encuentro profundo con Dios. ¿Aceptas seguir a Jesús por el camino de la humildad, incluso cuando los demás no te comprenden? ¿Buscas la voluntad de Dios como plenitud de tu vida o como límite a tu libertad? ¿Te reconoces como hijo amado del Padre, incluso en los momentos en que te sientes indigno de su amor?