La Eucaristía y la responsabilidad
Un centurión se le acercó (Mt 8,5)
En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole:
«Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».
Le contestó:
«Voy yo a curarlo».
Pero el centurión le replicó:
«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; a mi criado: "Haz esto", y lo hace».
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían:
«En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos».
(San Mateo 8,5-11)
En las palabras del centurión, que pronunciamos en la Misa justo antes de comulgar, no solo hay un humilde reconocimiento de nuestra indignidad, sino también una confianza plena en la Providencia. Recibir a Jesús en la Eucaristía conlleva una responsabilidad personal: no es un sacramento que se pueda recibir en estado de pecado, ya que, de lo contrario, se convierte en un sacrilegio. ¿Te acercas a la Eucaristía solo en estado de gracia, con conciencia y humildad? ¿Hasta qué punto tienes en cuenta la responsabilidad que conlleva recibir a Jesús en la Eucaristía?
