San Dionisio el Areopagita por Ermes Dovico
FRAGMENTOS DEL EVANGELIO

La alegría viene de Dios

Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo (Lc 10,20)

En aquel tiempo, los setenta y dos volvieron con alegría diciendo:
«Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».
Jesús les dijo:
«Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado el poder de pisotear serpientes y escorpiones y todo poder del enemigo, y nada os hará daño alguno.
Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo».
En aquella hora, se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
Y, volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
«Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».

(San Lucas 10,17,24)

Los discípulos regresan llenos de entusiasmo por lo que han logrado, pero Jesús les invita a no conformarse con el éxito inmediato. La verdadera alegría no nace del poder ni de los resultados obtenidos, sino de saber que pertenecemos a Dios. ¿De dónde nace realmente tu alegría? ¿Sabes reconocer los dones de Dios en tu vida? Enumera al menos diez.