• EL ARRESTO DE JIMMY LAI

Hong Kong, la nueva ley para reprimir a la prensa

En una incursión espectacular, transmitida en vivo, un centenar de policías de Hong Kong irrumpieron en la sede del periódico Apple Daily, el principal punto de referencia del levantamiento democrático. El editor, el empresario católico Jimmy Lai, fue arrestado bajo la nueva Ley de Seguridad Nacional

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En una incursión espectacular, transmitida en vivo, un centenar de policías de Hong Kong hicieron irrupción en la sede del periódico Apple Daily, el principal punto de referencia del levantamiento democrático. El editor, el empresario católico Jimmy Lai, fue arrestado junto con su hijo Ian. El otro hijo Simon está siendo buscado, al igual que otro ejecutivo de la editorial Next Digital, Mark Simon, quien fue el primero en dar la noticia de la redada y de los arrestos. Jimmy Lai es la primera víctima de la nueva Ley de Seguridad Nacional, impuesta por Beijing en el enclave de Hong Kong. Por tanto, la policía de Hong Kong está comenzando a cumplir las órdenes del gobierno central.

Las autoridades chinas acusan a Jimmy Lai y a sus asociados de ser infiltrados de Occidente, subversivos y propagandistas enemigos. Según el diario chino (fiel a Pekín) en inglés Global Times, las publicaciones de Jimmy Lai han servido para “inculcar odio, difundir rumores, ofender a las autoridades de Hong Kong y a la madre patria durante años”. La nueva ley de seguridad china, en teoría, debería castigar a quienes se manchan con culpas como “subversión, secesión, traición, sedición”, pero una incursión tan publicitada en la sede del principal periódico de la oposición es prueba de que la norma también se utilizará para poner fin a la libertad de expresión y, sobre todo, para golpear las figuras claves del disenso. El empresario y editor ya había sido arrestado tres veces, antes de este hecho. Y fue acusado de cuatro cargos, principalmente por organizar asambleas ilegales, durante la Revolución de los Paraguas (2014) y las protestas contra la ley de extradición de 2019. Ahora, con la nueva ley, corre el riesgo de ser encarcelado con la pesante acusación de “colusión con un país extranjero”.

Jimmy Lai huyó de China para refugiarse en Hong Kong cuando tenía 13 años. “Nunca había visto tanta comida en el desayuno como cuando llegué a Hong Kong - manifestó en una larga entrevista concedida en junio a Robert Sirico, para el Acton Institute -. Desde esos días comencé a relacionar el concepto de libertad con el de la abundancia de alimentos. La libertad también significa no tener más hambre”. Partiendo de la nada, Lai había logrado construir un verdadero imperio minorista, que siempre concibió como “un servicio para las necesidades de los demás”. Muy optimista sobre los desarrollos en China continental, desde donde continuó de aquí para allá, cambió radicalmente su actitud e ideas con la masacre de la Plaza Tiananmen del 4 de junio de 1989. Desde entonces inició su militancia por la libertad y en 1990 lanzó sus propios periódicos que tuvieron un éxito inmediato. Los abrió para llenar un vacío: todos le tenían miedo al régimen comunista y trataban de censurarse para no ofenderlo. Su compromiso abiertamente anticomunista fue, por tanto, “una combinación de pasión por la libertad y una oportunidad de negocio, porque nadie se atrevió a hablar abiertamente sobre el poder en China”.

1997 fue el año de la restitución de Hong Kong a China y muchos comenzaron a tener miedo. En ese año Jimmy Lai, ya un exitoso empresario y editor, se convirtió al catolicismo. “La mayor influencia vino de mi esposa, que rezaba todos los días”, comentó sobre ese gran paso. “En 1997, la conversión me pareció completamente natural, aunque nunca antes lo había pensado. Siempre había luchado por la libertad, pero nunca antes había concebido mi lucha como parte de una misión superior. Sabía que era justa, pero todavía no me había dado cuenta del por qué”. Ya era amigo del cardenal Joseph Zen, entonces arzobispo de Hong Kong y fue quien lo bautizó.

La historia de este empresario y editor es la demostración de que nadie está seguro. De Vip perseguido por paparazzi y revistas de chismes, pasó a ser un disidente perseguido por la policía, que siempre mantuvo su casa bajo control e intimidaba a quienes iban a visitarlo. Por el delito de asamblea ilegal, en el pasado reciente pagó una multa de mil dólares. Ahora que son arrestados, se activa una prohibición de viajar fuera de Hong Kong. “Lo que han estado haciendo las autoridades últimamente es arrestar a los disidentes más destacados, para intimidar a todos los demás. Para evitar que dos millones de personas vuelvan a salir a la calle a protestar”, explicó Jimmy Lai. Además, “la mera existencia de la nueva Ley de Seguridad Nacional asusta a la gente, que ahora se ha vuelto mucho más prudente. La palabra más buscada en Google es “emigración”, la gente está buscando formas de emigrar. Afortunadamente, Boris Johnson ha prometido otorgar al menos 3 millones de pasaportes. Una gran ayuda, al menos los hongkoneses saben que hay un lugar adonde ir”.

El pequeño Hong Kong, cuya población es aproximadamente una centésima parte de la de la República Popular China, sigue siendo muy peligrosa a los ojos de Xi Jinping. “Somos como un puesto de avanzada de los valores occidentales en China - explicó Lai en la entrevista -, y podemos difundir estos valores a los chinos de la China continental”. Hasta ahora también ha sido el único lugar en donde la religión era verdaderamente libre, donde los cristianos podían rezar sin someterse a la normativa sobre la “sinización” (religión con características chinas, es decir, comunista). Hasta ahora. Pero a partir de ahora, la música también está cambiando para la Iglesia, como lo demuestra la carta a los directores de escuelas católicas enviada por la Diócesis de Hong Kong, en la que se pide enseñar a los estudiantes la nueva Ley de Seguridad Nacional y la nueva norma para el himno nacional chino, cultivar los “valores correctos” de la identidad nacional y prohibir cualquier “politización”. La represión del pensamiento, por tanto, llega a las escuelas católicas, que hasta ahora habían estado al frente de la protesta de 2019.

Todo esto tiene lugar en vísperas de la renovación de los acuerdos entre China y el Vaticano, prevista para finales de septiembre. Uno se pregunta con qué espíritu lo enfrentará China, que está violando descaradamente un tratado internacional que garantizaba la plena autonomía de Hong Kong. Y con qué predisposición lo enfrentará el Vaticano, después de haber visto con qué facilidad Pekín viola los acuerdos, o los utiliza en su propio beneficio, tratando de transformar a la Iglesia en otro órgano de propaganda del Partido.

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