Santa Isabel de Portugal por Ermes Dovico

FRAGMENTO DEL EVANGELIO

Fuera de lugar

¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? (Mt 20, 15)

Pues el reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos». (Mt 20, 1-16)

La envidia que sienten los obreros llamados por la mañana hacia los que han sido llamados más tarde es humanamente comprensible; sin embargo, si miramos con los ojos de la fe está fuera de lugar porque el discípulo de Cristo no se disgusta, sino que se alegra por las personas salvadas por Dios, aunque fuera en el momento de morir. Señor, ayúdanos a no sentir envidia hacia quienes nos parece que están menos preparado que nosotros, y aún así es escogido en nuestro lugar. Al final Dios exaltará a quien se ha dejado humillar.