“Así intenta influir Bruselas en las elecciones de Hungría”
Gergely Szilvay, escritor y analista político del periódico conservador Mandiner, analiza la elección política húngara, de cara a las elecciones del próximo 12 de abril. No se trata solo de elegir entre Orbán o su rival Magyar, sino entre dos sistemas: una Europa de naciones o una Unión cada vez más estrecha, a la que la Hungría de Orbán, hasta ahora, ha tratado de resistirse.
¿Hasta qué punto puede influir Bruselas en unas elecciones nacionales, directa o indirectamente? A medida que Hungría se acerca a las elecciones parlamentarias del 12 de abril, esta pregunta ha adquirido nuevo interés, sobre todo tras las elecciones polacas de 2023, cuando el regreso al poder de Donald Tusk fue seguido por el rápido desbloqueo de los fondos europeos que habían sido previamente congelados debido a presuntas violaciones del Estado de derecho.
Para los críticos del actual modelo de gobernanza de las cúpulas de la Unión Europea, la secuencia polaca ha planteado interrogantes sobre el uso de instrumentos financieros, jurídicos y judiciales no solo como mecanismos reguladores, sino como verdaderas palancas capaces de redefinir los equilibrios políticos internos. Con miles de millones de euros aún bloqueados en Budapest y Péter Magyar presentado en el extranjero cada vez más como una alternativa “moderada” (y compatible con Bruselas) frente al primer ministro Viktor Orbán, muchos se preguntan si Hungría podría enfrentarse a una prueba similar.
Para analizar estas dinámicas y la forma en que se perciben dentro del país, la Brújula Cotidiana (La Nuova Bussola Quotidiana en su edición original en italiano) ha entrevistado a Gergely Szilvay, escritor y analista político de Mandiner, uno de los principales periódicos conservadores húngaros. En esta entrevista, Szilvay ofrece su interpretación del papel que desempeña Bruselas en el clima político húngaro, las lecciones aprendidas del precedente polaco y lo que está en juego en las elecciones de abril para el futuro de Hungría dentro de la UE.
Desde hace varios años, Bruselas ha congelado una parte significativa de los fondos de la UE destinados a Hungría alegando preocupaciones sobre el Estado de derecho. ¿En qué medida pueden percibirse estas decisiones como una forma de injerencia política capaz de influir en las elecciones de abril?
Está absolutamente claro que se trata de una herramienta política destinada a destituir a Viktor Orbán. En los primeros meses de 2026, el valor de los fondos suspendidos ascenderá a unos 17.000 millones de euros. De ellos, unos 7.400 millones proceden de los fondos de cohesión y 9.700 millones del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia post-Covid. Se trata de una suma enorme, aunque hay que recordar que los fondos europeos solo representan alrededor del 3% del PIB húngaro. No se trata simplemente de “dinero europeo perdido”. Estos pagos no deberían estar vinculados arbitrariamente a objetivos políticos, pero la UE los vincula cada vez más a nuevos objetivos políticos inventados. El uso de los fondos congelados como instrumento de presión política es evidente cada vez que el Gobierno de Orbán llega a un acuerdo con la UE sobre una cuestión específica —como el programa Erasmus— y cumple las condiciones exigidas, solo para que se le impongan nuevas obligaciones inmediatamente después.
Muchos observadores quedaron impresionados por lo que ocurrió en Polonia en 2023: los fondos de la UE congelados bajo el Gobierno conservador se desbloquearon rápidamente tras la elección de Donald Tusk, considerado un candidato “socialdemócrata” del agrado de Bruselas. ¿Influye hoy este precedente en el debate político húngaro?
Los fondos europeos se desbloquearon casi inmediatamente después de la toma de posesión de Donald Tusk, incluso antes de que Polonia hubiera cumplido técnicamente las exigencias de la UE. Esto demuestra claramente que el proceso está totalmente motivado por razones políticas y forma parte de un conflicto más amplio entre la visión liberal-federalista de las élites europeas y la de Viktor Orbán —y sus aliados—, basada en una confederación descentralizada. Este precedente ha aclarado mucho las cosas en Hungría y ha entrado en el debate político, aunque no es el tema dominante. También está claro que lo que está ocurriendo hoy en Polonia —el Justizmord, es decir, la captura política del sistema judicial— representa el modelo que se aplicaría a Hungría en caso de victoria de la oposición. La forma en que la UE trata a Viktor Orbán envía un mensaje a todos: no os atreváis a seguir caminos políticos alternativos. Las élites europeas perciben las alternativas conservadoras de éxito como una amenaza existencial.
Péter Magyar se presenta a menudo como una especie de Emmanuel Macron o Donald Tusk húngaro: un candidato que se define como “ni de derechas ni de izquierdas”, aunque proviene del establishment de Fidesz. A pesar de haber apoyado abiertamente a Kamala Harris en las últimas elecciones estadounidenses y de ser el favorito de la izquierda húngara, algunos sostienen que tiene una sólida sensibilidad conservadora. En su opinión, ¿representa Magyar una verdadera ruptura política o más bien una continuidad más aceptable para Bruselas?
La forma en que los medios de comunicación occidentales tradicionales presentan a Péter Magyar es, en el mejor de los casos, sorprendente. Magyar no tiene ninguna experiencia política real. Su trayectoria puede ser conservadora, pero su estrategia consiste en evitar tomar posición sobre cuestiones sustantivas, ya que ello pondría en peligro el frágil electorado que lo apoya. Políticamente, es un agujero negro. De hecho, se dirige a los votantes de izquierda, y los llamados “expertos” que lo rodean pertenecen a los mismos círculos tecnocráticos de izquierda que han acompañado a todos los gobiernos progresistas desde 1990. Algunos de sus colaboradores inexpertos han sido extraordinariamente ingenuos. El pasado mes de septiembre, por ejemplo, el vicepresidente del partido Tisza, Zoltán Tarr, fue grabado diciendo: “No os lo diré todo, porque si no fracasaremos... No podemos hablar de eso ahora. Que quede entre nosotros y, si sale a la luz, lo explicaré... Hay muchas cosas de las que no podemos hablar. Primero hay que ganar las elecciones, luego todo es posible”.
A menudo se dice que Budapest es más favorable a Péter Magyar, mientras que Viktor Orbán sigue contando con un fuerte apoyo en el resto del país. ¿Puede ser decisiva esta fractura territorial y sociológica? ¿Y cómo perciben los húngaros el papel de la UE en este contexto?
Esta división refleja una tendencia generalizada en gran parte del mundo occidental: las grandes ciudades tienden a ser más liberales, mientras que las zonas rurales son más conservadoras. Dicho esto, entre el 30% y el 40% de Budapest sigue apoyando a Viktor Orbán, un dato importante porque los húngaros votan tanto a los diputados en circunscripciones uninominales como a las listas nacionales. El sistema electoral húngaro es mixto. Este sistema, introducido por el Gobierno de Orbán, es a menudo acusado de favorecer al ganador. En parte es cierto, pero mucho menos que los sistemas de “el ganador se lo lleva todo”, como los de Estados Unidos o el Reino Unido. Si Hungría adoptara exclusivamente circunscripciones uninominales, Orbán controlaría el 86% de los escaños parlamentarios, no solo una mayoría de dos tercios. Las acusaciones de un sistema “amañado” ignoran además que, en 2010, bajo el antiguo sistema considerado más equilibrado, Orbán ganó el 98% de los distritos electorales cuando aún estaba en la oposición. Las acusaciones de represión mediática también son infundadas. Internet y la televisión están presentes prácticamente en todas partes; las webs de izquierdas se encuentran entre las más leídas y el acceso a los medios críticos está muy extendido tanto en las ciudades como en el campo. No existe una represión de la información: los húngaros están bien informados.
En concreto, ¿qué significaría para Hungría una victoria de Péter Magyar? ¿Deberíamos esperar un rápido desbloqueo de los fondos de la UE, y a qué precio político? ¿Y qué supondría, en cambio, una nueva victoria de Viktor Orbán?
Una victoria de Péter Magyar probablemente conduciría a un rápido desbloqueo de los fondos europeos, pero a un alto coste político. Se alinearía con todas las políticas de la Comisión Europea y del Partido Popular Europeo, del que forma parte. Luego está la cuestión de su inmunidad parlamentaria. Tras un incidente ocurrido en Budapest en junio de 2024, cuando fue expulsado de un local y posteriormente arrojó al Danubio el teléfono de una persona que lo estaba filmando, su comportamiento podría constituir un delito. Esto ofrece al PPE un potencial instrumento de presión. Magyar ya ha declarado que Hungría debería renunciar a parte de su soberanía. Rara vez ha participado en los trabajos del Parlamento Europeo, salvo en la votación sobre Mercosur, a pesar de percibir el sueldo de eurodiputado. Comenzó su carrera política grabando en secreto a su esposa, la entonces ministra de Justicia Judit Varga, cuyo testimonio sugiere rasgos agresivos y narcisistas. Dijo que no querían dedicarse a la política, pero luego lo hizo. Dijo que no aceptaría el escaño europeo, pero luego lo aceptó. Se declaró contrario a la inmunidad, pero luego se benefició de ella. Parece claramente poco fiable. Una victoria de Orbán —que considero el resultado más probable— significaría continuidad: relaciones conflictivas con la UE, pero estabilidad económica, impuestos más bajos, políticas familiares fuertes, protección estatal y un modelo distintivo de “Orbánomics”, una especie de tercera vía. También implicaría la continuación de la cooperación con las Iglesias cristianas y una política social conservadora activa. A pesar del famoso discurso sobre el “iliberalismo”, el enfoque de Orbán se inscribe en la tradición nacional-liberal independentista de matriz protestante del siglo XIX. Viktor Orbán también trabaja por la integración de los Balcanes en la UE. Ni él ni el pueblo húngaro quieren salir de la Unión: quieren reformarla. Y si el grupo de los Patriotas sigue fortaleciéndose, algún día podría contribuir a cambiar el rumbo de Europa.
