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En silencio, pero sin callar: Benedicto XVI desafía a la “nueva Iglesia”

El libro escrito a cuatro manos por el Papa Benedicto XVI y el cardenal Sarah llega como una bomba ante el intento de cambiar la doctrina del celibato eclesiástico, del cual el Sínodo para la Amazonía fue un paso fundamental. Ahora el Papa Francisco, de quien se espera una exhortación apostólica postsinodal, se encuentra en serias dificultades. Si da curso a las solicitudes del Sínodo significa crear una fractura en la unidad de la Iglesia. Pero Benedicto y Sarah enseñan que la unidad de la Iglesia solo es posible en torno a la Verdad. Y para aquellos que se oponen a las intervenciones del papa emérito, el cardenal Sarah da una lección: “Con este libro, el papa emérito Benedicto XVI no ha roto el silencio. Ofrece el fruto”.

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Será realmente difícil sobreestimar el alcance disruptivo de la nueva iniciativa del papa emérito Benedicto XVI, junto al cardenal Robert Sarah. El libro escrito a cuatro manos Des profondeurs de nos cœurs nació como una reflexión en torno a lo que sucedió durante el Sínodo para la Amazonía celebrado el pasado mes de octubre, pero considerado como el epicentro de una profunda crisis que afecta a toda la Iglesia. En este sentido, se trata de la continuación de un discurso que se vincula con las notas sobre abuso sexual de Benedicto XVI y con el libro “Se hace de noche y el día ya se dirige al declino” (“Si fa sera e il giorno ormai volge al declino”) del cardenal Sarah.

Los avances que dimos ayer se centran en la extenuante defensa del celibato sacerdotal, pero no solo existe esto en el libro. Pero tendremos que esperar su salida a las librerías para saber más.

Ciertamente existe la percepción de una gravedad sin precedentes en la crisis que se ha apoderado de la Iglesia. “Impresionante”, la define el cardenal Sarah en la entrevista concedida a Le Figaro, y habla de confusión y desconcierto. En realidad, tal vez, el tiempo de confusión ya ha sido superado, ya hemos entrado en el tiempo de la apostasía. Y esta es la razón por la cual Benedicto XVI está intensificando sus intervenciones, que entran en mérito de algunas derivas que podrían afectar la identidad de la Iglesia. Ya había sido notable la publicación en abril de sus reflexiones sobre las raíces de los abusos sexuales, que contradecía las conclusiones de la cumbre sobre el tema que el Papa Francisco realizó en el Vaticano en febrero pasado. Una intervención con mucho cuerpo en donde resaltaba implícitamente una corrección de la exhortación apostólica “Amoris Laetitia”. Desde Santa Marta se disfrazó con dificultad la sensación de molestia que la intervención del papa emérito había creado, pero se continuó como si nada hubiera sucedido. No había tenido un mejor destino la posterior intervención, discreta, en apoyo de los maestros despedidos del Instituto Juan Pablo II sobre el matrimonio y la familia, víctimas de un “golpe” destinado a cancelar el legado de San Juan Pablo II. También aquí, sin embargo, siguió adelante la operación de la “nueva Iglesia” como una aplanadora.

Esta vez, sin embargo, ante el ataque al celibato, que es un ataque a la identidad de la Iglesia, Benedicto XVI y el cardenal Sarah juegan por adelantado. Estaba claro que el Sínodo celebrado en el Vaticano estaba hábilmente controlado para que llegara a ciertas conclusiones; especialmente en lo que respecta a la ordenación sacerdotal de los hombres casados y el establecimiento de ministerios para mujeres, primer paso para llegar a las diaconisas y a las mujeres sacerdote. En este sentido, el libro habla de “puesta en escena teatral”, “manipulaciones ideológicas” y “mentiras diabólicas”. Ahora el programa preveía la publicación de la consiguiente exhortación apostólica, a pesar de todas las controversias y las protestas que el desarrollo y la conclusión del Sínodo han generado. Hasta ayer, nada dejaba prever que el Papa quisiera ignorar las solicitudes del Sínodo.

Pero ahora esta iniciativa de Benedicto XVI y el cardenal Sarah cambia las cartas sobre la mesa. Es un hecho que no puede ser ignorado, es un llamado clarísimo del Papa emérito al Papa reinante para que no cambie la doctrina sobre el celibato sacerdotal, golpeando al corazón la identidad misma de la Iglesia. El Papa Francisco ahora se encuentra acorralado: si da curso a las conclusiones del Sínodo con respecto a la ordenación de los hombres casados, asumirá una responsabilidad seria no solo al ignorar al papa emérito, sino también al crear una grieta con la tradición de la Iglesia. En el libro se recuerda claramente cómo la castidad, para la vocación sacerdotal, es “ontológica” y que esta conciencia se remonta a los orígenes de la Iglesia.

Si, en cambio, para evitar fracturas peligrosas, detiene el proceso que ha puesto en marcha, aparecerá como un reverso clamoroso que lo haría perder el consentimiento de los progresistas de toda clase que ya estaban anticipando la consagración definitiva de una “nueva Iglesia”, prácticamente indistinguible de las confesiones protestantes. No en vano, los habituales “guardianes de la revolución” ya han difundido rumores sobre las presuntas manipulaciones del papa emérito, que ya no sería capaz de comprender y de desear. Mentiras obvias, porque cualquiera que haya tenido contacto recientemente con Benedicto XVI sabe muy bien que, a pesar de su fragilidad física, tiene una lucidez de pensamiento envidiable.

Sin embargo, hay dos aspectos que emergen de este libro y que deben destacarse.

Aunque sea de hecho una corrección de este pontificado, no existe mínimamente un sentimiento de rebelión contra el Papa reinante. Todo lo contrario: Benedicto XVI y el cardenal Sarah profesan explícitamente una “obediencia filial al papa Francisco” y no es una expresión de fachada. Puede parecer paradójico dado los efectos que se pueden prever, pero este libro se presenta como “una contribución a la unidad de la Iglesia”. “Si la ideología divide, la verdad une los corazones”, dicen los dos. Es decir, no puede haber unidad sin una “búsqueda de la verdad con el corazón abierto”. Lo que debe perseguirse es la unidad alrededor de Cristo, en su revelación, no un político ponerse de acuerdo. Solo así se puede entender por qué esta intervención es un verdadero acto de amor también hacia el Papa. Es una gran lección que explica cosa es el misterio de la Iglesia, y que debería infundir valentía a aquellos sacerdotes y obispos que, aunque conscientes de la deriva y la confusión en la Iglesia, hasta ahora han guardado silencio por una mal comprendida y ambigua obediencia al Papa. Si no fue suficiente el amor por la Verdad demostrado por algunos cardenales y obispos, obviamente marcados como “enemigos del Papa”, se puede esperar que al menos el amor por la Iglesia de Benedicto XVI induzca a otros a tener el coraje de la verdad.

La segunda cuestión se refiere a la objeción más común que se dirige al Papa Benedicto: al renunciar dijo que permanecería en silencio, ¿por qué entonces continúa hablando e interponiéndose a las decisiones del Papa Francisco? Responde el cardenal Sarah en la entrevista con Le Figaro: “Con este libro, el papa emérito Benedicto XVI no ha roto el silencio. Ofrece el fruto”. Es una respuesta muy importante, porque todos estamos tentados a reducir el silencio a un simple estar callados. Y al ver la renuncia en un sentido político, el hacerse a un lado implica quitarse del medio y dejar el campo libre a los nuevos “dueños”. Este no es el caso de la Iglesia: el silencio no es vacío, no es ausencia. El silencio es presencia, es dejar que la vida se llene de presencia. En el prefacio del libro del cardenal Sarah “La fuerza del silencio”, el Papa Benedicto explica que silencio quiere decir “entrar en el silencio de Jesús de quien nace su palabra”. Desde ya siete años, Benedicto XVI vive este “silencio con Jesús” que le dona una comprensión más profunda de la Palabra del Señor. Es aquí, entre otras cosas, que nace la profunda sintonía con el cardenal Sarah, maestro del silencio. Y es a partir de este silencio que surge la convicción expresada en el libro y dicha con San Agustín: “No puedo callar”.

Ante la amenaza que se cierne sobre la Iglesia, el papa emérito, lleno de la palabra de Dios, no puede guardar silencio, debe hacer de todo para evitar que la barca se vuelque. Con más razón, entonces, no se puede descartar el juicio de Benedicto XVI y del cardenal Sarah con las habituales categorías políticas e ideológicas que distinguen a los heraldos de la “nueva Iglesia”. Y enseñan algo importante a cada cristiano.

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