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El Vaticano paga en “Pachamamas”

La Casa de la Moneda del Vaticano ha acuñado una nueva moneda de plata de diez euros para celebrar el Día de la Tierra: por un lado la efigie de la Madre Tierra, según la iconografía de la Pachamama. Una elección escandalosa: la Iglesia Católica honrando a una deidad pagana.

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“’Mostradme la moneda del tributo’. Ellos le presentaron un denario. Y les dice: ‘¿De quién es esta imagen y la inscripción?’. Dícenle: ‘Del César’. Entonces les dice: ‘Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios’”.

Hoy en el lugar de César está Pachamama, así que tenemos que darle lo que le corresponde. Así lo ha querido Vaticano. Los hechos son estos: La Casa de la Moneda del Vaticano ha acuñado el pasado 16 de octubre una nueva moneda de plata de diez euros por valor de 69 euros con motivo del 50 aniversario del Día Mundial de la Tierra. En una cara de la moneda hay un retrato de una joven embarazada cuyo vientre es el globo terráqueo en el que están representados algunos continentes. Unas cuantas mazorcas de maíz brotan de su largo cabello.

El Oficio Numismático Vaticano ha explicado de esta manera el significado de la acuñación de esta nueva moneda: “La celebración de la vida en la Tierra supone un compromiso para cuidar el planeta, es el proyecto al que la Iglesia quiere ofrecer su adhesión, una obra grandiosa y compleja: promover una acción internacional para garantizar a todos el futuro, los alimentos que necesitan, tanto en cantidad como en calidad, para que el progreso económico vaya acompañado de un desarrollo social, sin el cual no hay progreso real. La Casa de la Moneda del Estado de la Ciudad del Vaticano se ha ocupado de la emisión de una moneda de plata de diez euros realizada por el Maestro Oldani, que representa a una madre portadora de la Tierra, a la que debemos cuidar y amar como si fuera una hija, con largas espigas de trigo en el pelo, en una referencia cruzada entre el pasado y el futuro atemporal y por lo tanto eterna”.

Al mismo tiempo, la Casa de la Moneda también ha acuñado otras monedas. Cuatro son de inspiración católica (representan a San Pablo y Rafael), el quinto es políticamente correcto: San Pedro con los brazos abiertos da la bienvenida a los migrantes. La moneda fue acuñada con motivo del Día Mundial del Migrante y el Refugiado.

Volvamos a la mujer embarazada en la moneda de diez euros. “Una madre que lleva en su seno la Tierra” es claramente la Madre Tierra, una deidad pagana y no cristiana. La Madre Tierra puede ser legítimamente identificada con la infame deidad Pachamama, tanto porque el término “Pachamama” en lengua quechua significa Madre Tierra, como porque la iconografía elegida por Oldani reproduce la de Pachamama (la misma mujer de pelo largo que acaricia su vientre), y sobre todo porque la Pachamama ha sido muy apreciada en los últimos tiempos por parte de las altas jerarquías católicas. De hecho, hace aproximadamente un año, durante el Sínodo del Amazonas, la deidad india hizo su entrada triunfal en los jardines del Vaticano y luego fue colocada, por duplicado, en la iglesia de Santa María en Traspontina. Terminó en las aguas del río Tevere porque fue arrojada allí por una mano piadosa y muy católica, además de alérgica a la idolatría. El Vaticano lo niega, aclarando que la mujer representada es sólo un símbolo de la vida. Como si dijera de Fulano que no es un criminal, sino sólo un sinvergüenza.

Diosa Madre o Diosa de la Vida, el hecho es que esta moneda recuerda a los treinta denarios que Judas arrojó al suelo del Templo. En primer lugar porque en las monedas del Estado de la Ciudad del Vaticano deseamos que se represente a Nuestro Señor, a la Santísima Trinidad, a los santos, las escenas sagradas o de alabanza de la cultura cristiana (como por ejemplo las monedas para celebrar a Rafael). Tenemos una idea para una bonita y óptima sustituta: de la Virgen María embarazada a la Pachamama embarazada. De lo sagrado a lo profano. De un contenido católico a uno no católico, como sucedió hace unos años cuando también el Vaticano emitió un sello que representaba a Martín Lutero arrodillado ante una cruz y sosteniendo una Biblia, con motivo del 500 aniversario de la Reforma Protestante.

En segundo lugar, suponiendo que queramos celebrar la creación (y no la Tierra), como si sintiéramos la necesidad de hacerlo porque nadie lo hace, era esencial hacerlo desde una perspectiva y sensibilidad católica, que es trascendente, donde la creación está al servicio del hombre y no honra a una mujer que en lugar de dar a luz Dios da a luz al mundo, donde Dios crea el mundo y no coincide con el mundo convirtiéndose en una deidad pagana.

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