• ACUERDO CHINA-VATICANO

El enemigo de los católicos chinos está en Roma

El cardenal Zen, obispo emérito de Hong Kong, destroza el último discurso del secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, gritando la verdad sobre la situación de la Iglesia en China. Situación que concierne a todos los católicos del mundo.

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Para el cardenal Joseph Zen, obispo emérito de Hong Kong, no hay dudas: la máxima responsabilidad por el notorio acuerdo entre China y la Santa Sede que será renovado en unos días, salvo que el gobierno chino lo reconsidere, corresponde al cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano. Esto está claro en el extenso escrito que el cardenal Zen publicó en su blog para comentar una intervención pública del cardenal Parolin, del 3 de octubre en Milán, durante una conferencia sobre China. Calificó como “desagradable” tal discurso, por las falsedades dichas para justificar el acuerdo con China.

Aquí sería imposible detenerse en todas las aristas que tocó el cardenal Zen. Sin embargo, destacamos dos aspectos que merecen atención especial y que dan una idea de las graves consecuencias que tiene y tendrá el acuerdo para la Iglesia china y para la Iglesia universal.

El primero se refiere a la historia de los siete obispos excomulgados que, gracias al acuerdo que entró en vigor hace exactamente dos años, fueron legitimados, es decir, reconocidos por Roma. Este es el principal resultado del que se jacta la Santa Sede, ya que curaría una situación cismática. Pero el problema es que, al contrario que en el pasado, cuando otros obispos designados por el Partido Comunista de China fueron readmitidos a la comunión con Roma, en este caso ninguno de ellos solicitó ni mostró el deseo de estar en comunión con el Papa. Su legitimidad fue sólo una victoria de la Iglesia independiente, es decir, de esa parte que es emanación directa o en todo caso está vinculada al Partido Comunista Chino y que persigue el proyecto de “sinización de la Iglesia”.

El cardenal Zen relata:

«Si los siete excomulgados legitimados son un ejemplo de lo que está por venir, el Señor nos libre. ¿Cambiaron su conducta? ¿Han dado alguna señal de arrepentimiento? ¿Gratitud por el perdón otorgado por el Papa? ¿Promesa pública de acatar la doctrina y la disciplina de la Iglesia? Lo que se ve es que andan cantando triunfos: ¡tomamos la decisión inteligente al quedarnos con el gobierno!

Particularmente repugnante el trato a los dos obispos legítimos obligados a ceder el puesto a los excomulgados. El legitimado de Shantou, Huang Bingzhang, después de su “victoria” organizó una gran celebración en la Iglesia del depuesto obispo Zhuang Jianjian. En algunos autobuses venían su clero y muchos fieles, pero el clero y los fieles de los depuestos no estaban autorizados (la policía mantenía el orden). Querían que el depuesto viniera a concelebrar y así humillarlo. Pero el anciano obispo todavía tiene la mente clara y dijo: “Cuando te casas, celebras, pero a mí me han obligado a divorciarme de mi diócesis, ¿qué hay que celebrar?” y se retiró.

El obispo Guo Xijin de Mindong, que incluso tenía con él la comunidad no oficial, mucho más grande que la de su contendiente, obedeció al Vaticano cediendo el paso al excomulgado, convirtiéndose en su auxiliar. Pero todo el mundo ha visto cómo le hicieron la vida imposible, así que no le quedó más que dimitir.

¿Es esta la Iglesia finalmente unida? ¿El acercamiento entre los dos lados? ¿La normalización de la vida de la Iglesia, sólo porque el Papa da su bendición sobre toda esta miseria? ¿Sobre esta victoria del enemigo?

Todos los obispos legítimos, pero en una Iglesia objetivamente cismática, ¿es un bien? ¿Es un progreso? ¿Este es el inicio de cuál proceso?».

Estas son las preguntas retóricas, el acuerdo - incluso considerando las nominaciones de los obispos – “fue simplemente desastroso”, escribió Zen.

Luego hay un segundo aspecto, decididamente inquietante: las mentiras que dice la Santa Sede - obviamente apoyadas por la prensa “amiga” y pro china - para justificar la bondad del Acuerdo con China. En este caso no se trata de visiones diferentes, sino de mentiras reales. El discurso del cardenal Parolin es una muestra: la atribución a la excomunión de los comunistas (Pío XII), el inicio de las persecuciones del régimen chino contra los cristianos y las expulsiones de los misioneros; la supuesta continuidad de la política de los últimos papas hacia China; el consentimiento igualmente presunto de Benedicto XVI al acuerdo.

Es cierto que la diplomacia tiene sus métodos, pero la mentira descarada y repetida va mucho más allá de las necesidades diplomáticas. Se usa con la conciencia de que la mayoría de los fieles no tienen un conocimiento profundo de los eventos chinos y, por lo tanto, no tienen las herramientas para desenmascararlas; esto hace que todo sea aún más grave.

¿Qué confianza se puede tener en tales pastores? ¿Qué estima es posible para estos pastores que abandonan sus ovejas en manos de lobos, que dejan a los católicos chinos solos ante el dilema de traicionar a la Iglesia o tomar el camino de las catacumbas?

Este es un aspecto que concierne a toda la Iglesia, porque las mentiras no están dirigidas simplemente a los católicos chinos. Pero, lo que es peor, la “política china” del Vaticano representa un insulto a todos los mártires de la Iglesia china porque premia a quienes han sucumbido a la tentación del régimen. Y, por lo tanto, es un insulto a todos los católicos que, fieles al Evangelio, no se comprometen con el poder de turno, que no acceden a quemar incienso para el emperador. Al contrario, es una invitación a diluir y negar el Evangelio a cambio de una vida pacífica en la sociedad.

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