• LECCIÓN DE ESTADOS UNIDOS

El caso Sanger comprueba que el aborto es racismo

En el marco de la campaña Black Lives Matter, el nombre de Margaret Sanger, fundadora de Planned Parenthood, se ha eliminado de algunas de las clínicas de la asociación, por su pertenencia a la Sociedad Eugenésica. Pero si se quisiera ser coherente, se tendrían que cerrar todas las clínicas de Planned Parenthood...

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Entre las víctimas de la campaña Black Lives Matter, la semana pasada hubo una que pasó un poco desapercibida: Margaret Sanger (1883-1966), cuyo nombre fue eliminado del grupo de clínicas abortistas Planned Parenthood en Manhattan por sus “conexiones perjudiciales con el movimiento eugenésico”. El hecho es que Sanger es la fundadora de Planned Parenthood, conocida originalmente como American Birth Control League (Liga Estadounidense de Control de Natalidad), que fue fundada en 1921 y luego renombrada como Planned Parenthood Federation of America en 1942.

Recordemos que, a raíz del darwinismo social defendido por Sir Francis Galton, a principios del siglo XX ganaron mucha popularidad en las Sociedades Eugenésicas, en los Estados Unidos y en el norte de Europa. Pronto serían los arquitectos de las leyes que impusieron la esterilización obligatoria para los “locos”; y fueron estas sociedades las que sentaron las bases culturales y económicas que condujeron luego a los experimentos de la Alemania nazista.

La tesis de la defensa es que Margaret Sanger, quien en 1952 también fue la fundadora de la organización internacional de aborto más poderosa (la International Planned Parenthood Federation, IPPF), fue principalmente una feminista que luchó y trabajó por la autodeterminación de las mujeres, por su liberación de la esclavitud del embarazo. Mientras, la unión a las Sociedades Eugenésicas (en los Estados Unidos y Gran Bretaña) habría sido un medio para lograr su verdadero objetivo; así como la armonía con el pensamiento racista habría sido el resultado de la cultura de la época, dominada por la eugenésica.

Por lo tanto, tomamos distancia de Sanger por sus ideas sobre la raza, pero no hay problema con las más de 800 clínicas abortistas repartidas en los Estados Unidos. La eugenésica, según este punto de vista, sería un pensamiento privado de Sanger, que puede ser condenado pero que no afecta y no tiene nada que ver con las actividades "meritorias" para el control de la natalidad. Por lo tanto, basta remover su nombre, sus imágenes y eventualmente incluso las estatuas, para poder ser legitimados a practicar abortos.

Pero, ¿es realmente así? ¿Es cierto que el racismo fue una "rendición" a la cultura de la época, independiente e irrelevante para la misión de Sanger? Diríamos absolutamente que no. Al contrario, solo releyendo a Margaret Sanger -que tuvo una producción literaria copiosa-, y mirando los resultados de su trabajo, se tiene exactamente la impresión opuesta. “Más niños de los sanos, menos niños de los débiles, este es el principio del control de la natalidad”, escribió en 1919 en Birth Control Review (Revisión del control de la natalidad).

Y en uno de sus libros más importantes “The Pivot of Civilization” (1920, El fulcro de la civilización), Sanger se enoja con los “filántropos”, que brindan asistencia gratuita a las mujeres embarazadas pobres, porque fuerzan “los elementos más saludables y más normales del mundo a soportar la carga de la fecundidad irracional e indiscriminada de los otros...”. Y todavía advierte del peligro de que “los habitantes de los barrios pobres, que se multiplican como conejos, se desborden de las fronteras de sus barrios o de sus países y transmitan a los mejores elementos de la sociedad sus enfermedades y sus genes de menor calidad”.

Y estos pobres a segregar y esterilizar pertenecen casi por completo las minorías étnicas. Por lo tanto, desde el inicio las campañas para promover la anticoncepción y luego el aborto se concentran en vecindarios donde prevalece la presencia de negros e hispanos, además de otras minorías étnicas. Lo mismo vale a nivel internacional, donde la IPPF actúa casi exclusivamente en los países en desarrollo.

En los Estados Unidos, las clínicas de aborto y sus campañas aún se concentran en las áreas con mayor presencia de minorías étnicas, especialmente afroamericanas. Tanto es así que, de 850 mil abortos realizados en los Estados Unidos en 2017, el 36% se refiere a mujeres afroamericanas, cuando los afroamericanos representan el 13% de la población. El 23% de los abortos se practican en mujeres hispanas (contra el 18% de la población total). Por el contrario, casi el 33% de los abortos se refieren a mujeres blancas, mientras que las blancas representan el 61% de la población.

El hecho es que el movimiento de control de la natalidad, del cual el feminismo radical Sanger es un elemento importante, es de naturaleza racista, al igual que las Sociedades Eugenésicas. Sacrificar el nombre de Sanger para salvar las actividades abortistas de Planned Parenthood es una operación claramente ideológica. Si realmente se quisiera hacer un mea culpa sobre el “racismo”, se debe ser coherente y cerrar todas las clínicas de aborto diseminadas por los Estados Unidos.

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