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Coronavirus, la crisis de hoy debe hacernos cambiar mañana

Una vez que haya pasado la emergencia del coronavirus, nada será como antes. La crisis actual nos indica el vacío de ideologías como el naturalismo y el globalismo, y el desmoronamiento de la Unión Europea. Pide repensar el concepto del bien común, la función subsidiaria del crédito y las relaciones entre el Estado y la Iglesia. Lo que sucede hoy debe convertirse en una reflexión sobre cómo reconstruir luego. Una amplia reflexión de Monseñor Crepaldi, a partir de la Doctrina Social de la Iglesia.
-EL DOCUMENTO INTEGRAL por Giampaolo Crepaldi

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En estos difíciles momentos ocasionados por la epidemia del coronavirus, no podía faltar la palabra del arzobispo Giampaolo Crepaldi. De hecho, la crisis de hoy interpela la Doctrina Social de la Iglesia, de la cual el obispo Crepaldi es uno de los principales expertos. El domingo pasado, en la catedral de San Giusto en Trieste, durante la homilía, dijo que después de esta experiencia del Covid-19 “nada será como antes”. En los días siguientes ha elaborado una amplia reflexión sobre la situación actual y especialmente sobre el post-coronavirus, que hizo pública con el título “Coronavirus: hoy y mañana”.

La completa reflexión de Mons. Crepaldi es importante porque hasta ahora ningún prelado había invitado a reflexionar sobre el post-coronavirus y, sobre todo, nadie había llamado en causa a la doctrina social de la Iglesia. Sus reflexiones fueron difundidas por el Observatorio del Cardenal Van Thuân para la Doctrina Social de la Iglesia y por la Coordinación Nacional de Justitia et Pax para la Doctrina Social de la Iglesia, a la que se unen 30 asociaciones y centros culturales de toda Italia.

Todos nosotros quisiéramos volver como antes y esto es comprensible. Pero si, como dice el arzobispo, “nada será como antes” después de esta dura experiencia, debemos reflexionar profundamente sobre el post-coronavirus. La epidemia no es solo una emergencia de salud, señala Crepaldi, sino que afecta y altera todas las estructuras sociales, destacando muchas debilidades de nuestro sistema de vida. Basta pensar en la fragilidad del sistema económico cuyas perspectivas de crisis hacen que alguien diga que a partir de ahí puede surgir un peligro aún mayor que el causado por la infección. Por esta razón, Crepaldi cita, como muy actual, lo que fue escrito por la encíclica Caritas in veritate de Benedicto XVI, publicada en el año 2009, en momentos de otra crisis: “La crisis nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso, a apoyarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas. De este modo, la crisis se convierte en ocasión de discernir y proyectar de un modo nuevo” (n. 21).

La experiencia actual nos obliga a abandonar el naturalismo ideológico que ha estado de moda hasta ayer, incluso dentro de la Iglesia: “La naturaleza, en el sentido naturalista del término, también produce desequilibrios y enfermedades y, por lo tanto, debe ser humanizada. No es el hombre quien tiene que naturalizarse, sino que la naturaleza debe ser humanizada”.

Después de la crisis, será necesario recuperar el verdadero significado del bien común al que ahora se refiere el compromiso moral de muchos. Desafortunadamente, Crepaldi señala que “mientras luchan por salvar la vida de muchas personas, las intervenciones de aborto provocado no cesan, ni cesan las ventas de píldoras abortivas, ni cesan las prácticas de eutanasia, ni cesan los sacrificios de embriones humanos y muchas otras prácticas contra la vida y la familia”. Si la crisis no nos lleva a un examen profundo de conciencia, no estaremos predispuestos a algo nuevo.

Un punto importante señalado por el arzobispo es el rol subsidiario del crédito: “El bloqueo de grandes sectores de la economía para garantizar una mayor seguridad sanitaria y disminuir la propagación del virus pone en crisis económica y comercial, especialmente de liquidez, a las empresas y las familias. Si la crisis dura mucho tiempo, se prospecta una crisis de circularidad de producción y consumo, con el espectro del desempleo. Frente a estas necesidades, el rol del crédito puede ser fundamental y el sistema financiero podría redimirse de muchas y reprobables dilapidaciones del pasado reciente”. Se necesitará un gran cambio de perspectiva en este campo.

De acuerdo con Mons. Crepaldi, la pandemia en curso, pone en crisis el globalismo tal como se concibió hasta ahora e invita a repensar, por vía de la subsidiariedad, la coexistencia de las naciones en varios niveles de universalidad: “La globalización presentaba hasta ayer aquellas glorias de perfecto funcionamiento técnico-funcional, de indiscutible certeza sobre la obsolescencia de los Estados y las naciones, de valor absoluto de la “sociedad abierta”: un mundo único, una religión única, una moralidad universal única, un pueblo globalista único, una autoridad mundial única. Pero después puede bastar un virus para derribar el sistema, ya que los niveles de respuesta no globales fueron deshabilitados”.

Con palabras muy claras, el obispo también invita a “tomar nota de este final sin gloria de la Unión Europea por el coronavirus”, en el que “la falta de pegamento moral no fue compensada por el pegamento institucional y político”.

Incluso las relaciones entre el Estado y la Iglesia tendrán que cambiar: “La salud no es salvación, como nos han enseñado los mártires, pero en cierto sentido la salvación también da salud. El buen funcionamiento de la vida social, con sus efectos beneficiosos sobre la salud, también necesita la salvación prometida por la religión: “El hombre no se desarrolla únicamente con sus propias fuerzas” (Caritas in veritate, 11). “La autoridad política debilita la lucha contra el mal cuando equipara las Santas Misas con iniciativas lúdicas, pensando que deberían suspenderse. Incluso la Iglesia puede cometer errores cuando no hace valer, por el mismo auténtico y completo bien común, la necesidad pública de las Santas Misas y la apertura de las iglesias”. Después de esta experiencia, se podrá volver a reconocer públicamente el lugar de Dios en el mundo, dice Crepaldi, y ya no continuar viviendo como si Dios no existiera.

Este es un texto del arzobispo Crepaldi para leer y meditar, para que -con la ayuda de la luz y la esperanza que proviene de la Doctrina social de la Iglesia- sea un mundo mejor.

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