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Consagración a María: obispos del mundo sigan a Portugal

Los obispos de Portugal y de España llevan a cabo un acto salvífico épico con la Consagración al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María. Rogamos a nuestros obispos en todo el mundo que los imiten. El Señor está permitiendo, en su infinita misericordia, que toquemos con las manos la gran fragilidad del hombre, de su salud, de sus sistemas económicos, de la seguridad terrenal, y lo está haciendo entender al mundo entero. Se trata de una gran advertencia que traería consecuencias fatales si no se entiende.

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“En Portugal el dogma de la fe siempre se preservará...”. Estas son las últimas palabras de la segunda parte del secreto de Fátima, palabras que durante más de un siglo hacen que de alguna manera se deba mirar a Portugal con especial atención, para captar los signos de la dirección que se debe tomar frente a los muchos cambios que han conmocionado al mundo y sacudido la fe de naciones enteras. En Portugal hay un fenómeno muy particular, que se registró en Italia, incluso en la época de Don Camillo: se puede ser ateo, comunista, devorador de sacerdotes, pero cuando se menciona a la Virgen de Fátima, se quitan el sombrero, como señal de respeto.

E incluso hoy, aunque hay temor por lo que está sucediendo a nivel sanitario, pero aún más por las decisiones que se han tomado a nivel político y eclesial, siempre sale una luz de allí, de Portugal.

Hoy, fiesta de la Anunciación de la Bienaventurada Virgen María, el cardenal D. António Marto, obispo de Leiria-Fátima, al final del Santo Rosario que se rezará a las 06:30 pm (hora de Portugal) en el Santuario de Fátima (y transmitido aquí), renovará la consagración de Portugal al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María. Y con ellos también estarán presentes obispos españoles.

La primera consagración se remonta al 13 de mayo de 1931, cuando los obispos, en presencia de trescientos mil fieles, buscaron refugio en el Inmaculado Corazón para salvarse de la plaga del comunismo, que estaba invadiendo Europa, especialmente a la vecina España. Y no faltó la protección especial de la Virgen: la guerra civil no involucró a Portugal y esta nación se salvó de las devastaciones de la Segunda Guerra Mundial. La consagración se renovó siete años después, para mantener el voto que los obispos portugueses habían hecho en 1936, cuando pidieron ser salvados de los comunistas; “en cambio” habría renovado la consagración, para dar a conocer al mundo entero el poder de la mediación de María Santísima. Los obispos portugueses habían tomado literalmente las palabras que la Virgen le había dirigido a Lucía el 13 de junio de 1917: «No te desanimes, no te abandonaré jamás. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te llevará a Dios». Dios ha establecido un refugio, como sucedió con Noé, para salvarlo de las tormentas del mundo. Quien entra en este refugio no fallece.

En aquellos años, fue obvia la excepcionalidad de Portugal, en comparación con el resto de Europa. El cardenal Cerejeira admitió con sinceridad que “si vemos los dos años que han pasado desde nuestra votación, no podemos dejar de reconocer que la mano invisible de Dios ha protegido a Portugal, evitando la furia de la guerra y del flagelo del comunismo ateo”.

El 2 de diciembre de 1940, en plena guerra, la Hermana Lucía confió en una carta a Pío XII la razón por la cual Portugal fue preservado de la masacre: “Santo Padre, Nuestro Señor otorga protección especial a nuestro país en esta guerra, a través de la Consagración de la Nación, realizada por los prelados portugueses, al Inmaculado Corazón de María, como prueba de las gracias que se otorgarían a otras naciones si ellos también se consagraban a ella”.

La Virgen solicitó explícitamente esta consagración a Italia. El 19 de septiembre de 1995, siete meses después de las lágrimas de sangre, la Virgen apareció a la familia Gregori, diciendo: “Su nación está en peligro ... Conságrense todos a mí, a mi Inmaculado Corazón, y protegeré a vuestra nación bajo mi manto ahora lleno de gracias. ¡Escúchenme, por favor, se los ruego! Soy vuestra Madre celestial, les ruego que no me hagan llorar nuevamente al ver a tantos de mis hijos morir por vuestras culpas, al no aceptarme y permitir que Satanás actúe”.

Esto que leen, no es un simple artículo, sino una apelación sincera, un misero eco de ese “¡Se los ruego!”, pronunciado por la Virgen. El Señor está permitiendo, en su infinita misericordia, que toquemos la gran fragilidad del hombre, de su salud, de sus sistemas económicos, de la seguridad terrenal, y lo está haciendo entender al mundo entero. Se trata de una gran advertencia que traería consecuencias fatales si no se entiende. Ante esta situación, que repentinamente nos atrapó a todos, Dios nuevamente nos extiende una mano y nos ofrece un refugio: el Inmaculado Corazón de Su Madre.

Los obispos de Portugal están llevando a cabo un acto salvífico épico: pedimos, rogamos a nuestros obispos en el mundo a imitarlos, lo antes posible. Y sobre todo a nuestros pastores, a quien está dirigida esta ayuda del cielo: tomen esta mano materna, que podrá sacarlos de la difícil situación en la que nos encontramos y que está paralizando la vida de nuestra Iglesia. Dejemos de lado las disputas teológicas y el razonamiento humano y, con sencillez y sinceridad, obedezcamos el pedido de nuestra Madre.

Unámonos hoy (25 de marzo a las 6.30 pm) a la oración del Santo Rosario que se rezará en Fátima y al acto de consagración. Nos consagramos a nosotros mismos, a nuestras familias, a nuestras parroquias, a nuestras ciudades e imploramos a la Virgen que toque los corazones y las mentes de nuestros Obispos, para que ellos también puedan realizar este acto del que puede depender la vida y la salvación de millones de personas.

Inmaculado Corazón de María, intercede por nosotros.

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