Fragmentos del Evangelio
Un amor que salva
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito (Jn 3,16)
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios».
(San Juan 3, 13-17)
Jesús le revela a Nicodemo el corazón del Evangelio: nadie puede llegar a Dios a menos que Dios mismo descienda del cielo para salvarnos. La cruz es la mayor señal de un amor que se entrega sin medida. Creer en Jesús significa dejarse tocar por este amor, acoger la nueva vida que Dios ofrece a cada persona. Incluso en medio de tus pecados, puedes confiar en una mirada que salva. ¿Te sientes verdaderamente amado por Dios, incluso cuando has cometido un pecado mortal? ¿Cuánto tiempo hace que no te confiesas?
