San Juan Eudes por Ermes Dovico
FRAGMENTOS DEL EVANGELIO

La gratuidad del amor de Dios

¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? (Mt 20,15)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo:
“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”.

Ellos fueron.

Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.

Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
“¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?».

Le respondieron:
“Nadie nos ha contratado”.

Él les dijo:
“Id también vosotros a mi viña”.

Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:
“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.

Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.

Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

(San Mateo 20, 1-16)
 

La parábola de la viña nos revela a un Dios que no mide el amor según nuestros criterios de mérito, sino que da con generosidad y misericordia. A los trabajadores de la primera hora les cuesta comprender la bondad del amo porque ven la relación con Dios como un cálculo. Jesús nos invita a superar la envidia y a acoger la alegría de un Padre que busca a todos y da a cada uno según su amor. ¿Te alegras del bien que Dios da a los demás o sientes envidia? ¿Vives tu relación con Dios como amor o como un simple deber? ¿Sabes reconocer la gratuidad de los dones que has recibido?