Amar más allá de toda medida
Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso (Lc 6,36)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«A vosotros los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid
a los que os maldicen, orad por los que os calumnian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, no le impidas que tome también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo.
Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo.
Por el contrario, amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».
(San Lucas 6, 27-38)
Jesús nos propone un amor que va más allá de la lógica del mero intercambio: dar para recibir. Amar al enemigo, perdonar y no juzgar significa elegir el camino de la misericordia, tal y como hace el Padre celestial con nosotros. No es debilidad, sino la fuerza para romper la cadena del rencor y responder al mal de otra manera. Cuando das sin esperar nada a cambio, tu corazón se vuelve más libre y se asemeja al de Dios. ¿Eres capaz de amar sin resentimiento a quien te ha hecho daño, aunque no apruebes lo que ha hecho? ¿Hay alguien a quien necesites perdonar hoy?
